¿Cómo consiguen bucear tanto los Bajau? La respuesta reúne oficio, experiencia y una adaptación del cuerpo que ha estudiado la ciencia. Vamos a entenderla sin convertir una historia del mar en un reto para aguantar el aire.
Hay historias sobre la respiración que parecen hechas para un titular. Personas que pasan buena parte de su jornada buceando, una máscara sencilla y el mar como lugar de trabajo. Entiendo que lo primero que queramos preguntar sea cuánto aguantan. A mí me interesa también otra cuestión: ¿qué hay detrás de esa capacidad?
Mirarla con calma permite distinguir tres cosas que a menudo se mezclan: la adaptación de una población, la experiencia de sus buceadores y lo que cualquiera de nosotros puede aprender sobre su propia respiración.
¿Quiénes son los Bajau y dónde viven?
El nombre Bajau se utiliza para comunidades del sudeste asiático con una larga relación con el mar, presentes en Indonesia, Malasia y Filipinas. Por eso, describirlos únicamente como una «tribu filipina» se queda corto. Entre sus formas tradicionales de subsistencia están la pesca y la recolección mediante inmersiones a pulmón.
La investigación que suele aparecer en las noticias se realizó en una comunidad de Sulawesi, en Indonesia. Hablar de ese grupo concreto es más preciso que atribuir una misma capacidad a todas las personas Bajau.

El hallazgo del bazo: qué observó la ciencia
En 2018, Melissa Ilardo y sus colaboradores publicaron en Cell un estudio sobre las adaptaciones fisiológicas y genéticas de los Bajau. Compararon el tamaño del bazo de participantes Bajau con el de participantes Saluan, una población vecina.
En la muestra analizada, los bazos de los Bajau eran, de media, aproximadamente un 50 % mayores. Además, esa diferencia no aparecía solo entre quienes buceaban: también se observaba en participantes Bajau que no lo hacían. Los investigadores encontraron señales genéticas compatibles con una adaptación al buceo, incluida una asociación relacionada con el gen PDE10A.
Es un resultado sobre una población y una muestra determinadas. No demuestra que unas semanas de ejercicios hagan crecer el bazo un 50 %, ni que exista una técnica capaz de reproducir esa adaptación en cualquier persona.
¿Qué tiene que ver el bazo con aguantar la respiración?
El bazo puede almacenar glóbulos rojos y liberar parte de ellos al contraerse. Como estas células transportan oxígeno, esa reserva resulta relevante durante una inmersión en apnea. Es una pieza de la respuesta del cuerpo al buceo, en la que también interviene la circulación.
Eso no convierte a los Bajau en personas que extraigan oxígeno del agua. Siguen necesitando salir a la superficie para respirar. La diferencia está en cómo se relacionan con un esfuerzo muy específico, dentro de una historia biológica y cultural que no cabe en un «truco».
Tres ideas que conviene separar
- Una media no describe a cada individuo. Que un estudio encuentre una diferencia entre grupos no permite adivinar la capacidad de una persona concreta.
- Una jornada con muchas inmersiones no es una sola apnea. Sumar tiempo bajo el agua a lo largo del día no equivale a permanecer allí sin salir a respirar.
- Un caso extraordinario no es un objetivo cotidiano. Tu respiración no necesita parecerse a la de un buceador para acompañarte mejor al trabajar, caminar o descansar.
Esta historia no es un reto de apnea
No pruebes cuánto aguantas bajo el agua por tu cuenta. Divers Alert Network insiste en la formación específica, en no bucear en apnea a solas y en evitar la hiperventilación previa. Respirar en exceso puede reducir el aviso de necesidad de aire sin evitar una pérdida de conciencia por falta de oxígeno.
¿Qué me llevo de esta historia a la vida diaria?
Me quedo con la curiosidad. Con la idea de que la respiración merece algo más que una instrucción repetida sin contexto. Antes de buscar tiempos o cifras, podemos preguntarnos qué necesitamos nosotros: ¿descansar con más calma?, ¿reconocer la tensión al trabajar?, ¿entender lo que sucede al correr?
Prueba algo más cercano: cuando termines una tarea, deja el móvil sobre la mesa, apoya los pies y observa unas respiraciones sin cambiarlas. Pregúntate si estabas apretando los hombros o la mandíbula. Ese detalle de tu día te dice más sobre tu punto de partida que compararte con un buceador. Si quieres conocer esa base, puedes leer qué entendemos por respiración funcional. Y si esta relación entre mar y respiración te ha despertado interés, también te invito a descubrir a las buceadoras ama de Japón.
La lección que me interesa es esta: una adaptación extraordinaria no es una receta que podamos copiar. Antes de elegir un ejercicio, define qué buscas mejorar en tu vida: una salida a correr, la pausa entre tareas o el momento de acostarte. Esa pregunta te sirve más que perseguir los segundos de otra persona.
Si esta historia te ha dejado con ganas de entender mejor lo que hace tu cuerpo, puedes continuar leyendo mi libro Respira, aquí y ahora. Y si prefieres empezar por ti, el test de hábitos respiratorios te permite ordenar qué conviene observar, sin convertirlo en un diagnóstico.
Fuentes y lecturas de referencia
Tu siguiente paso · Método AIRA
La curiosidad es un buen comienzo.
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